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«La agroecología nace en el trabajo, no en el decreto» por Tatiana Roa

Tatiana Roa y la memoria de Mario Mejía: «la agroecología nace en el trabajo, no en el decreto» Tatiana Roa-Avendaño en la primera Jornada Agroecológica del MACO/ Foto: Alejandra Reátiga (MACO) «No se trata solamente de cambiar un sistema productivo por otro, sino de transformar nuestras relaciones con la vida y garantizar su reproducción”. Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO La ecóloga política, exviceministra de Ordenamiento Ambiental (MinAmbiente) y cofundadora de Censat Agua Viva planteó, en el panel de Bucaramanga, que la fragmentación entre las luchas sociales —y no solo la falta de poder político— es hoy el principal obstáculo del movimiento social colombiano. BUCARAMANGA, Colombia. Tatiana Roa —ingeniera, maestra y doctora en humanidades, educadora popular y ecóloga política, cofundadora de Censat Agua Viva y hasta hace poco viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en el gobierno de Gustavo Petro— cerró la primera ronda del panel de las Jornadas Agroecológicas del MACO con el planteamiento más ambicioso de todo el evento: el reto del movimiento agroecológico, dijo, no es transformar los modelos productivos, sino transformar la manera en que la sociedad se relaciona con la vida misma. Antes de responder, pidió un aplauso en memoria del maestro Mario Mejía Gutiérrez, uno de los referentes históricos de la agroecología en Colombia, a quien describió como la persona que enseñó «la importancia de la espiritualidad de la agroecología», una mirada del campo que incluye también la dimensión espiritual. Mario Mejía Gutiérrez – Ilustración del homenaje a pioneros realizado en el Primer Congreso Popular, Político y Científico de Agroecología del MACO (Septiembre, 2024) / Ilustrador: Sebastián Bucheli Más allá del modelo productivo El argumento central de Roa-Avendaño desplazó el eje de toda la discusión previa. Frente a una pregunta sobre cómo armonizar la protección de ecosistemas estratégicos con el derecho al territorio y a la alimentación, respondió que el desafío no está simplemente en transformar los modelos productivos. «Realmente lo que se necesita es transformar la manera como nos relacionamos con la vida«, dijo, «cómo nos relacionamos con los otros seres humanos y fundamentalmente cómo garantizamos la reproducción de la vida.» Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO Esa idea, explicó citando a organizaciones campesinas del Bajo Sinú, en Cordoba, como Asprocig, implica entender a las comunidades rurales no como «meros sujetos productivos» sino como sujetos políticos y culturales que transforman la sociedad. En esa perspectiva, dijo, la agroecología no puede pensarse de forma aislada de otras luchas: la defensa del agua frente a la megaminería, la protección de la biodiversidad y la necesidad de democratizar y descentralizar la energía. La agroecología no nació en los escritorios. «Nació en el trabajo de quienes decidieron sembrar de otra forma o recuperar sus formas de cultivar ancestrales», afirmó, poniendo como ejemplo, procesos históricos del campesinado en el Bajo Sinú, en Córdoba; en el páramo del Almorzadero, en García Rovira (Santander); o en las comunidades afectadas por el proyecto hidroeléctrico del río Sogamoso, en Santander, donde comunidades que llevaban años luchando por la tierra empezaron a cuestionar también sus propias prácticas productivas heredadas del modelo institucional. Reconoció, sin embargo, que el camino estatal para promover otras formas de relacionarse con la vida no estuvo libre de contradicciones incluso dentro del gobierno del que hizo parte: «Se seguían promocionando los agroquímicos; fue difícil priorizar la agroecología y todavía se impone el monocultivo”. La disputa por la institucionalidad, advirtió, «no es que se llega a la institucionalidad y la transforma fácilmente”, sino que allí ya existen intereses instalados de agronegocios y empresas mineras. «La agroecología no nació en los escritorios» Roa insistió en que las políticas públicas y los decretos recientes no son el origen de la agroecología, sino su consecuencia. Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO Donde nace la agroecología – Jorge Díaz , campesino / Foto: Alejandra Reátiga (MACO) La fragmentación como uno de los grandes desafíos En la segunda ronda del panel, Roa-Avendaño señaló que uno de los grandes desafíos para los próximos años es la fragmentación de las luchas sociales. «Así como criticamos al Estado que es fragmentado —lo sufrí en el ministerio, cuando la gente llegaba para abordar asuntos que se salían de mi resorte, porque no eran de mi competencia, por ejemplo, sino de la corporación autónoma— nosotros también tenemos luchas fragmentadas», explicó. Defensores del páramo, gestores comunitarios del agua, agroecólogos y movimientos de mujeres, dijo, rara vez dialogan entre sí, pese a compartir un mismo horizonte. Como antecedente de que esa articulación es posible, recordó experiencias como la Mesa Social Minero Energética o la Red Reclame, y un episodio concreto de 2018 y 2019, cuando distintos sectores lograron que la Unión Sindical Obrera (USO), el principal sindicato del sector de hidrocarburos, se pronunciara contra el fracking en su asamblea nacional. «Eso cambió en los últimos años», reconoció, «pero esos esfuerzos hay que recuperarlos.» Su conclusión fue un llamado a tejer alianzas antes que a resistir en solitario: «Si nos juntamos más, si nos arrejuntamos, si compartimos, si tejemos esas alternativas, vamos a tener posibilidad de florecer, como se ha hecho en otros momentos de nuestra historia.» Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp El reto generacional y el cierre Roa-Avendaño retomó también el planteamiento hecho antes por Elizabed Villa sobre la juventud rural, y ofreció una lectura complementaria: citando de nuevo al maestro Mario Mejía, explicó que cuando un padre campesino le decía a su hijo que fuera a la universidad, no era porque no quisiera que su hijo trabajara el campo, sino porque no deseaba que repitiera la misma precariedad que él mismo vivió sin tierra, sin apoyo y sin acceso a educación o cultura. Cerró su intervención con un balance que evitó tanto el optimismo como la resignación: describió el momento actual como de «grandes desafíos» —el avance del autoritarismo en la región, la intensificación del

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«La Ley de Mujer Rural que tardó más de 20 años en tener un fondo propio» por Karen del Pilar Galíndez

Karen del Pilar Galíndez, profesional de la Dirección de la Mujer Rural / Foto: Jorge Noriega (Corambiente) La Ley de Mujer Rural que tardó más de 20 años en tener un fondo propio Nancy Moreno, directora de Mujer Rural del Ministerio de Agricultura / Foto: MADR Desde la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, Karen Galíndez, hizo el balance normativo más detallado del panel del MACO en Bucaramanga, y advirtió sobre los vacíos que persisten pese a los avances recientes. BUCARAMANGA, Colombia. Karen del Pilar Galíndez, ingeniera agrónoma y profesional de la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, presentó en la primer Jornada Agroecológica del MACO el balance normativo más preciso de todo el panel: dos instrumentos legales que, en su lectura, marcaron un antes y un después para la agroecología y las mujeres rurales en Colombia, junto con las fisuras que ambos arrastran. Dos instrumentos, cuatro años El primero es la Resolución 331 de 2024, que le dio a Colombia su primera política pública de agroecología, construida a partir de demandas que organizaciones sociales y educativas del MACO venían trabajando desde hacía años. El segundo es la Ley 2462 de 2025, que actualizó y fortaleció la histórica Ley 731 de 2002 de Mujer Rural. Esa actualización, explicó Galíndez, amplió de manera sustancial el sujeto de derechos de la norma original: «Ya no hablamos solamente de mujer rural, sino también de mujeres rurales, campesinas y de la pesca» dijo, en referencia a la inclusión explícita de un sector —el pesquero— históricamente invisibilizado. La nueva ley incorporó además un enfoque interseccional y principios de no regresividad y sostenibilidad. Un vacío reconocido Galíndez no evitó señalar una fisura en ese avance. Reconoció que la ley, pese a incorporar varios enfoques diferenciales, no incluye de manera explícita un enfoque de género. Según explicó, esa ausencia respondió a los debates que se dieron durante el trámite legislativo y no a una decisión de excluir a determinados sectores de la población. Aun así, aclaró que la norma sí incorpora un enfoque interseccional, o sea que reconoce que una misma persona puede enfrentar distintas formas de discriminación o exclusión al mismo tiempo, por ejemplo, por ser mujer, campesina, indígena, afrodescendiente, joven, persona con discapacidad o por su orientación sexual e identidad de género. En otras palabras, la ley de la mujer rural busca que las políticas públicas tengan en cuenta cómo esas condiciones se cruzan y generan realidades y necesidades diferentes. En todo caso, la ausencia de un enfoque de género explícito también implica que la ley no establece medidas específicas para reducir las desigualdades que enfrentan las mujeres y otras identidades de género en los sistemas agroalimentarios. El reto estará en la reglamentación y la implementación de la norma, que deberán convertir el enfoque interseccional en acciones concretas para garantizar la participación, la protección de derechos y la equidad para todas las poblaciones (como el Fondo de Fomento) Veinte años de espera El dato más contundente de su intervención tuvo que ver con los tiempos reales de implementación. El Fondo de Fomento para las Mujeres Rurales, ordenado por la ley original desde 2002, solo se creó y abrió sus primeras convocatorias durante el gobierno que ahora termina. «Se creó en este gobierno, más de 20 años después», subrayó, un dato que ilustra la distancia que suele separar una norma de sus recursos concretos. Galíndez explicó además que la existencia de un concepto oficial de agroecología —fijado por la Resolución 331— permitió, por primera vez, transversalizar ese enfoque en otros instrumentos del sector agropecuario más allá del propio Ministerio de Agricultura, incluidos el sistema nacional de reforma agraria y el programa especial de adjudicación de tierras para mujeres rurales. «Antes de la Resolución 331, en el Ministerio de Agricultura no teníamos un concepto oficial de lo que era la agroecología. Al existir la resolución, pudimos decirle a la institucionalidad: miren, el concepto de agroecología es este, el de soberanía alimentaria también está acá, y empezar a meter el enfoque agroecológico en los programas del sector.» Karen del Pilar Galíndez, profesional de la Dirección de la Mujer Rural en la primera Jornada Agroecológica del Movimiento Agroecológico Colombiano. Karen del Pilar Galíndez, profesional de la Dirección de la Mujer Rural / Foto: Jorge Noriega (Corambiente) Los retos que persisten En la segunda ronda de preguntas, Galíndez identificó los obstáculos que, a su juicio, siguen limitando el acceso real de las mujeres rurales a estos avances normativos. El principal es la sobrecarga de trabajo de cuidado no remunerado que recae sobre ellas en los territorios, lo que limita su tiempo para participar en espacios de incidencia política: «Muchas veces es como, no, no me puedo conectar, es que estoy ocupada. Entonces solo hay una persona de una organización de 100 mujeres que está llevando toda la carga de la participación.» A eso se suman, según explicó, las dificultades persistentes de acceso a financiamiento y a la tierra de manera autónoma. Como oportunidad concreta para enfrentar estos retos, señaló la propia Ley 2462 de 2025: a diferencia de la política pública de agroecología —que, al ser una resolución, solo vincula al sector agropecuario—, la ley de mujer rural sí obliga a otros ministerios a actuar, particularmente en materia de semillas nativas y criollas y de producción sostenible, lo que abre, dijo, un margen de exigibilidad jurídica más amplio para las organizaciones de mujeres agroecológicas. ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp Edición: Comité Editorial – Movimiento Agroecológico ColombianoRedacción: Alejandra ReátigaFotografías: Jorge Noriega

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«No vamos a sobrevivir solos y solas, vamos a sobrevivir en comunidad» por Cristian Cruz

Cristian Cruz – Delegado de CNA ante el MACO / Foto: Alejandra Reátiga Cristian Cruz: «No vamos a sobrevivir solos y solas, vamos a sobrevivir en comunidad» El líder de agroecología del Coordinador Nacional Agrario advirtió en Bucaramanga sobre una resolución que podría criminalizar a los productores artesanales de bioinsumos, y llamó a un repliegue estratégico del movimiento campesino hacia la tierra, el agua y las semillas. BUCARAMANGA, Colombia. Cristian Camilo Cruz Barbosa llegó al panel de las Jornadas Agroecológicas del MACO con una tesis central y una advertencia concreta. La tesis: tras cuatro años de visibilidad institucional, el movimiento campesino debe replegarse ahora hacia lo esencial —tierra, agua, semillas y memoria organizativa— para resistir un ciclo político adverso. La advertencia: una resolución en trámite podría exigir registro ante el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) a los productores artesanales de bioinsumos, con sanciones que incluirían cárcel. ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp Primer Jornada Agroecológica del MACO (Bucaramanga-Santander) / Foto: Alejandra Reátiga Cruz ilustró su tesis con la imagen de un árbol de chachafruto en su propia parcela, en el Cauca, que ante la sequía de este año se desojó por completo para expandir sus raíces bajo tierra en busca de agua. «Durante estos cuatro años nuestras hojas crecieron. Tuvimos un follaje abundante», dijo, en referencia a la participación institucional lograda por el movimiento agroecológico bajo el gobierno saliente. «Ahorita la crisis está dura y muy probablemente nos toca salir de las hojas y buscar profundidad.» Cristian Cruz – Primer Jornada Agroecológica del MACO (Bucaramanga – Santander) Julio 23 de 2026 La organización detrás de la vozCruz habló con el respaldo de una estructura concreta. Es integrante del Territorio Campesino Agroalimentario de Cajibío, en el Cauca, y coordina el equipo nacional de Agroecología del Coordinador Nacional Agrario (CNA), organización campesina fundada en 1997 y presente hoy en 25 de los 32 departamentos del país, dividida en seis regiones: Occidente, Centro Oriente, Nororiente, Los Dos Ríos, Caribe y Región Central. El trabajo agroecológico del CNA, explicó, se sostiene sobre tres pilares: fincas de reforma agraria que producen sin agrotóxicos, una red de biofábricas y mercados campesinos, y un trabajo permanente de conservación de semillas nativas. Ese anclaje territorial, más que un discurso, es lo que a su juicio le da al CNA la legitimidad para hablar en nombre de miles de familias campesinas en un escenario político. Violencia y solidaridadCruz denunció episodios recientes de violencia contra comunidades que recuperaron tierras arrebatadas a economías ilegales, y llamó a reconstruir una solidaridad campesina que, dijo, se ha erosionado bajo la lógica del «sálvese quien pueda». «Hoy en todo el país están amenazando a la campesinada que le ganó la tierra a la mafia», advirtió. Cristian Cruz – Primer Jornada Agroecológica del MACO (Bucaramanga – Santander) Julio 23 de 2026 El artículo 64 como plataforma jurídicaIdentificó el reconocimiento constitucional del campesinado como sujeto de especial protección —artículo 64 de la Constitución— como la conquista jurídica más significativa del período reciente, y como el fundamento de nuevas figuras territoriales surgidas después de su aprobación, entre ellas los territorios campesinos agroalimentarios de Moniquirá y de Casique Poima, en Santander. «Territorio significa poder», dijo, «y cuando una comunidad tiene poder es difícil de que la saquen.» Cristian Cruz – Primer Jornada Agroecológica del MACO (Bucaramanga – Santander) Julio 23 de 2026 «A esa lectura institucional sumó una autocrítica interna poco frecuente en espacios de este tipo: llamó a superar lo que denominó las «agroecoburocracias», organizaciones que, según denunció, compiten entre sí en lugar de articularse pese a compartir un mismo propósito. La alerta regulatoriaEl dato de mayor alcance práctico de su intervención llegó en la segunda ronda del panel. Cruz explicó que la resolución en trámite sobre insumos agrícolas exigiría registro ante el ICA a cualquier productor de bioinsumos artesanales —biofertilizantes, biofungicidas, fermentados de uso agrícola—, bajo amenaza de sanciones penales para quienes no cumplan. Advirtió que un mapeo previo de biofábricas comunitarias, realizado por el ICA y Agrosavia, podría emplearse ahora en sentido contrario a los intereses de los productores que impulsaron esas tecnologías. Cruz cerró con un llamado a activar la defensa jurídica de los territorios, tejer alianzas con los movimientos ambiental, indígena y afrodescendiente, y apostar por la formación política propia. «Si se llevan el verdor, la raíz guarda el vigor», dijo, antes de insistir en que la resistencia de los próximos cuatro años no será individual: «No vamos a sobrevivir solos y solas, vamos a sobrevivir en comunidad.» Edición: Comité Editorial – Movimiento Agroecológico ColombianoRedacción y fotografías: Alejandra Reátiga

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La apuesta del MACO por sembrar una nueva generación agroecológica

Elisabed Villa – Representante del Tejido de Juventudes del MACO / Foto: Alejandra Reátiga La apuesta del MACO por sembrar una nueva generación agroecológica La vocera del recién creado Tejido de Juventudes del Movimiento Agroecológico Colombiano contó cómo un campamento de más de cien jóvenes en Manizales se convirtió en una estructura organizativa nacional. BUCARAMANGA, Colombia. De los cinco panelistas que participaron en la primera Jornada Agroecológica del MACO, Elizabed Villa fue la más joven y la encargada de poner sobre la mesa un problema que atraviesa a todos los procesos rurales: la ausencia de relevo generacional en el campo. Campesina e ingeniera agrónoma de Pácora, Caldas, especializada en gestión de proyectos, Villa es hoy vocera del Tejido de Juventudes del MACO, una organización interna que, con apenas unos meses de existencia, ya avanza con fuerza, autonomía y un alcance nacional. Un campamento que se volvió tejido Elisabed explicó el origen de ese tejido con un dato concreto: en octubre de 2025, más de cien jóvenes provenientes de veinte organizaciones y diecisiete departamentos colombianos se reunieron en un campamento en Manizales, apoyado por el MACO. Un evento que sirvió como antesala al ECOVIDA. El encuentro, dijo, funcionó bajo una metodología «de joven a joven», donde los propios asistentes facilitaban los espacios de discusión, sin mediación de generaciones mayores.De esas conversaciones surgió la decisión de conformar una estructura propia. ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp Conoce un poco más sobre el campamento en este documental: Una producción de: Laura Daniela Caicedo Duarte para el Tejido de Juventudes del MACO  Elisabed lo dejó claro en el panel:«Nuestras organizaciones reconocen las necesidades de las juventudes y la crisis que vive el campo por la descampesinización, por el envejecimiento de los pobladores de las áreas rurales», explicó, «pero las voces de los jóvenes no tenían el suficiente espacio para expresarse.» Por eso, el tejido, según describió, busca consolidar un «proceso intergeneracional»: ni reemplazar el saber de los mayores, ni excluir el aporte de niños, niñas y adolescentes en los territorios. Los retos: tierra, comunicación y espacios de decisión En la segunda ronda del panel, Villa amplió el diagnóstico. Señaló que las juventudes rurales y urbanas enfrentan hoy una combinación de crisis: falta de oportunidades económicas, vulnerabilidad psicosocial, y lo que describió como una «crisis de la comunicación» propia de la era digital, donde la saturación de información dificulta llegar a un conocimiento profundo y tejer redes efectivas entre jóvenes de distintos territorios. Pero el reto que calificó como «fundamental» fue el acceso a la tierra: «Sin tierra, ¿cómo vamos a tener agroecología? ¿Cómo vamos a tener formas de vida digna?», preguntó. A eso sumó la necesidad de que los jóvenes accedan a espacios de incidencia y de toma de decisiones hoy ocupados, dijo, por generaciones mayores que —aun con buenas intenciones— no logran representar todas las realidades que atraviesan a la juventud rural actual. Su cierre incorporó un matiz poco frecuente en el resto del panel: reivindicó el derecho de los jóvenes al disfrute y al ocio dentro de la lucha agroecológica. «En la agroecología y en el campo también hay ocio, también hay disfrute, y esa también es nuestra lucha», dijo, «vamos a permanecer en la medida en que podamos disfrutar, en que podamos encontrar esperanza y seguir protegiendo la vida.» Edición: Comité Editorial – Movimiento Agroecológico ColombianoRedacción y fotografías: Alejandra Reátiga

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CAMBIO DE GOBIERNO: ¿cómo asegurar la continuidad de la agenda agroecológica?

CAMBIO DE GOBIERNO: ¿cómo asegurar la continuidad de la agenda agroecológica? Cinco voces afines al Movimiento Agroecológico Colombiano –un congresista, una funcionaria pública, una lideresa juvenil, un líder del movimiento campesino del Cauca y una exviceministra coincidieron en un diagnóstico incómodo: los avances de los últimos cuatro años quedaron consignados en resoluciones que pueden ser fácilmente derogadas y que requieren una materialización territorial capaz de defenderlos. Durante más de dos horas, en el marco de la primera Jornada Agroecológica del Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO), cinco panelistas discutieron en público algo que hasta hace poco se hablaba en voz baja: ¿qué va a pasar con la agenda normativa agroecológica después del cambio de gobierno? La pregunta no es menor. En los últimos cinco años, el movimiento logró traducir sus demandas en normas concretas: una política pública de agroecología, una ley de mujer rural actualizada, un proyecto de ley de agroecología y agriculturas para la vida. Por eso, la pregunta que atravesó el panel fue si ese capital normativo sobrevivirá a una correlación de fuerzas que ya no le es favorable. ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp Adelante te contamos un poco sobre las intervenciones: Renzo García: disputar el Congreso y el poder local Renzo García, representante a la Cámara por el Tolima con el Pacto Histórico, abrió el panel con un diagnóstico sin rodeos: pese a que su bancada es hoy la más numerosa en la historia reciente del Congreso, sigue siendo minoría frente a la coalición que respalda al presidente electo, Abelardo de la Espriella. Advirtió que el país entra en un ciclo de retroceso frente a las conquistas sociales de los últimos cuatro años. Su propuesta concreta tiene dos frentes. Desde su curul en la Comisión Quinta de la Cámara, insistirá en radicar el proyecto de ley de agroecología que no se logró tramitar en la legislatura saliente, con el fin de instalar el debate público. El segundo frente es electoral: llamó a disputar alcaldías, gobernaciones y concejos en las elecciones regionales del próximo año, terreno que —dijo— define si las políticas nacionales llegan de verdad a los territorios. Como ejemplo, denunció que administraciones locales opositoras en el Tolima se negaron a entregar obras y ambulancias financiadas por el gobierno nacional para no reconocer su origen político. Cerró con un llamado a la unidad interna del movimiento social progresista, al que responsabilizó, en parte, del reciente retroceso electoral. Leer sobre la intervención→ Karen Galíndez: el balance normativo, con sus vacíos Karen Galíndez, de la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, ofreció el balance técnico más detallado del panel. Repasó la Resolución 331 de 2024, que le dio a Colombia su primera política pública de agroecología, y la Ley 2462 de 2025, que actualizó la histórica ley de mujer rural para incluir explícitamente a las mujeres campesinas y de la pesca, y para reconocer el trabajo de cuidado rural como actividad económica. No ocultó las fisuras de ese avance. Señaló que la nueva ley, pese a sus enfoques diferenciales, no incorpora de forma explícita el enfoque de género, una ausencia que atribuyó a los propios debates legislativos. También recordó que el Fondo de Fomento para las Mujeres Rurales, ordenado por ley desde 2002, solo se creó y abrió convocatorias en el gobierno que ahora termina, más de veinte años después. Sobre los retos pendientes, identificó la sobrecarga de trabajo de cuidado no remunerado como el principal obstáculo para que las mujeres rurales participen en espacios de decisión. Planteó que la nueva ley, al vincular a varios ministerios y no solo al sector agropecuario, abre un margen de exigibilidad jurídica más amplio que la propia política de agroecología. Leer sobre la intervención→ Elizabeth Villacarmona: la juventud que se organizó sin esperar permiso Elizabeth Villacarmona, vocera del recién creado Tejido de Juventudes del MACO, contó el origen de esa estructura: un campamento realizado en octubre de 2025 en Manizales, con más de cien jóvenes provenientes de veinte organizaciones y diecisiete departamentos, facilitado bajo una metodología «de joven a joven». De ahí surgió la necesidad de articular una voz propia dentro del movimiento. Su diagnóstico tuvo un componente cultural explícito: durante generaciones, dijo, a los jóvenes rurales se les empujó a migrar hacia las ciudades bajo la premisa de que «un lápiz pesa menos que un asadón». Frente a esa narrativa, el tejido busca rescatar el arraigo y afirmar a las juventudes como sujetos políticos capaces de transformar sus propios territorios. Entre los retos que identificó, señaló el acceso a la tierra como condición previa e ineludible para cualquier proyecto agroecológico juvenil, junto con la saturación informativa y la exclusión de espacios de decisión hoy ocupados por generaciones mayores. Cerró reivindicando el derecho al disfrute y al ocio como parte legítima de la lucha agroecológica. Leer sobre la intervención→ Cristian Cruz: la alerta sobre el registro de bioinsumos Cristian Cruz, del Territorio Campesino Agroalimentario de Cajibío, en el Cauca, y miembro del Coordinador Nacional Agrario – CNA, construyó su intervención alrededor de la historia de un árbol de chachafruto que, ante la sequía, se desojó por completo para expandir sus raíces en busca de agua. La imagen le sirvió para plantear que, tras años de visibilidad institucional, al movimiento ahora le toca «buscar profundidad»: tierra, semillas, memoria. Su tesis central fue tajante: «no hay agroecología sin tierra», por lo que la reforma agraria sigue siendo, para él, una tarea inconclusa y urgente. Denunció además nuevos episodios de violencia contra campesinos que recuperaron tierra en distintas regiones del país, y llamó a recuperar una solidaridad territorial que, dijo, se ha ido perdiendo. El dato más concreto de su intervención fue una alerta regulatoria: una resolución en trámite exigiría registro ante el ICA a los productores de bioinsumos artesanales, con posibles sanciones penales para quien no cumpla. Cerró con una autocrítica interna, al llamar a derrotar las «agroecoburocracias» que, según dijo, fragmentan al movimiento desde adentro. Leer sobre la

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Firmaton por Santurbán

Entre el páramo y la minería: la apuesta agroecológica de Santurbán En Santurbán, defender el agua va mucho más allá de las movilizaciones, las cámaras o los titulares. Es, tajantemente, una resistencia por la vida o la muerte. Defender a Santurbán es permanecer en la montaña a pesar de las presiones de un modelo de desarrollo, que insiste en ver el páramo como una frontera para la extracción o como una zona de sacrificio. Defender el agua también comienza cuando una familia campesina decide sembrar sin venenos, conservar un nacimiento, proteger un bosque altoandino, entra tantas otras prácticas agroecológicas. Foto: Getty Images/iStockphoto – Oscar Orlando Cuadros Únete a la firmatón por Santurbán Por eso, desde el Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO) queremos invitarte a sumarte a la Firmatón por Santurbán, una acción ciudadana que respalda las medidas necesarias para proteger el Macizo de Santurbán, sus páramos y las fuentes hídricas que abastecen a millones de personas en Santander, Norte de Santander y buena parte del nororiente colombiano. Pero esta no es solo una discusión sobre agua. Es, sobre todo, una conversación sobre el país que queremos construir… y/o destruir. En Santurbán también florecen experiencias agroecológicas impulsadas por organizaciones sociales, entre ellas Corambiente, organización integrante del Movimiento Agroecológico Colombiano, que acompaña procesos de producción, organización comunitaria y cuidado de los bienes comunes en la región. Su trabajo recuerda una verdad que con frecuencia queda fuera del debate público: los páramos no son territorios vacíos, ni capitales de conservación, ni zonas de sacrificio minero. Son paisajes vivos, habitados por comunidades que han construido, transitado y retomado formas de producción compatibles con la conservación de los ecosistemas y que hoy sostienen alternativas económicas basadas en el cuidado de la vida, el agua y la biodiversidad. La disputa por Santurbán, en el fondo, enfrenta dos maneras de entender el desarrollo. Por un lado, un modelo sustentado en la extracción intensiva de recursos naturales, que concibe la naturaleza como una fuente de materias primas y privilegia beneficios económicos de corto plazo. Por otro, una visión que reconoce que el bienestar de las sociedades depende de la capacidad de los territorios para mantener sus ciclos ecológicos, garantizar agua limpia, conservar la biodiversidad y fortalecer las economías campesinas. La agroecología hace parte de esa segunda visión, no se trata únicamente de producir alimentos de manera diferente. La agroecología propone una forma distinta de habitar los territorios: fortaleciendo la autonomía de las comunidades, diversificando la producción, restaurando los ecosistemas y reconociendo que el agua, el suelo y las semillas son bienes comunes cuya protección es condición para cualquier futuro posible. Por eso, la defensa de Santurbán también es una defensa de la agroecología. Firma aquí Porque defender Santurbán no es solo proteger un páramo. Es defender la posibilidad de que Colombia construya un modelo de desarrollo donde la vida, el agua y la agroecología ocupen el lugar que les corresponde. Firmas administradas por el Comité para la Defensa del Agua y del Páramo de Santurbán es una plataforma social creada en 2009 en Santander.

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