«La agroecología nace en el trabajo, no en el decreto» por Tatiana Roa
Tatiana Roa y la memoria de Mario Mejía: «la agroecología nace en el trabajo, no en el decreto» Tatiana Roa-Avendaño en la primera Jornada Agroecológica del MACO/ Foto: Alejandra Reátiga (MACO) «No se trata solamente de cambiar un sistema productivo por otro, sino de transformar nuestras relaciones con la vida y garantizar su reproducción”. Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO La ecóloga política, exviceministra de Ordenamiento Ambiental (MinAmbiente) y cofundadora de Censat Agua Viva planteó, en el panel de Bucaramanga, que la fragmentación entre las luchas sociales —y no solo la falta de poder político— es hoy el principal obstáculo del movimiento social colombiano. BUCARAMANGA, Colombia. Tatiana Roa —ingeniera, maestra y doctora en humanidades, educadora popular y ecóloga política, cofundadora de Censat Agua Viva y hasta hace poco viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en el gobierno de Gustavo Petro— cerró la primera ronda del panel de las Jornadas Agroecológicas del MACO con el planteamiento más ambicioso de todo el evento: el reto del movimiento agroecológico, dijo, no es transformar los modelos productivos, sino transformar la manera en que la sociedad se relaciona con la vida misma. Antes de responder, pidió un aplauso en memoria del maestro Mario Mejía Gutiérrez, uno de los referentes históricos de la agroecología en Colombia, a quien describió como la persona que enseñó «la importancia de la espiritualidad de la agroecología», una mirada del campo que incluye también la dimensión espiritual. Mario Mejía Gutiérrez – Ilustración del homenaje a pioneros realizado en el Primer Congreso Popular, Político y Científico de Agroecología del MACO (Septiembre, 2024) / Ilustrador: Sebastián Bucheli Más allá del modelo productivo El argumento central de Roa-Avendaño desplazó el eje de toda la discusión previa. Frente a una pregunta sobre cómo armonizar la protección de ecosistemas estratégicos con el derecho al territorio y a la alimentación, respondió que el desafío no está simplemente en transformar los modelos productivos. «Realmente lo que se necesita es transformar la manera como nos relacionamos con la vida«, dijo, «cómo nos relacionamos con los otros seres humanos y fundamentalmente cómo garantizamos la reproducción de la vida.» Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO Esa idea, explicó citando a organizaciones campesinas del Bajo Sinú, en Cordoba, como Asprocig, implica entender a las comunidades rurales no como «meros sujetos productivos» sino como sujetos políticos y culturales que transforman la sociedad. En esa perspectiva, dijo, la agroecología no puede pensarse de forma aislada de otras luchas: la defensa del agua frente a la megaminería, la protección de la biodiversidad y la necesidad de democratizar y descentralizar la energía. La agroecología no nació en los escritorios. «Nació en el trabajo de quienes decidieron sembrar de otra forma o recuperar sus formas de cultivar ancestrales», afirmó, poniendo como ejemplo, procesos históricos del campesinado en el Bajo Sinú, en Córdoba; en el páramo del Almorzadero, en García Rovira (Santander); o en las comunidades afectadas por el proyecto hidroeléctrico del río Sogamoso, en Santander, donde comunidades que llevaban años luchando por la tierra empezaron a cuestionar también sus propias prácticas productivas heredadas del modelo institucional. Reconoció, sin embargo, que el camino estatal para promover otras formas de relacionarse con la vida no estuvo libre de contradicciones incluso dentro del gobierno del que hizo parte: «Se seguían promocionando los agroquímicos; fue difícil priorizar la agroecología y todavía se impone el monocultivo”. La disputa por la institucionalidad, advirtió, «no es que se llega a la institucionalidad y la transforma fácilmente”, sino que allí ya existen intereses instalados de agronegocios y empresas mineras. «La agroecología no nació en los escritorios» Roa insistió en que las políticas públicas y los decretos recientes no son el origen de la agroecología, sino su consecuencia. Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO Donde nace la agroecología – Jorge Díaz , campesino / Foto: Alejandra Reátiga (MACO) La fragmentación como uno de los grandes desafíos En la segunda ronda del panel, Roa-Avendaño señaló que uno de los grandes desafíos para los próximos años es la fragmentación de las luchas sociales. «Así como criticamos al Estado que es fragmentado —lo sufrí en el ministerio, cuando la gente llegaba para abordar asuntos que se salían de mi resorte, porque no eran de mi competencia, por ejemplo, sino de la corporación autónoma— nosotros también tenemos luchas fragmentadas», explicó. Defensores del páramo, gestores comunitarios del agua, agroecólogos y movimientos de mujeres, dijo, rara vez dialogan entre sí, pese a compartir un mismo horizonte. Como antecedente de que esa articulación es posible, recordó experiencias como la Mesa Social Minero Energética o la Red Reclame, y un episodio concreto de 2018 y 2019, cuando distintos sectores lograron que la Unión Sindical Obrera (USO), el principal sindicato del sector de hidrocarburos, se pronunciara contra el fracking en su asamblea nacional. «Eso cambió en los últimos años», reconoció, «pero esos esfuerzos hay que recuperarlos.» Su conclusión fue un llamado a tejer alianzas antes que a resistir en solitario: «Si nos juntamos más, si nos arrejuntamos, si compartimos, si tejemos esas alternativas, vamos a tener posibilidad de florecer, como se ha hecho en otros momentos de nuestra historia.» Tatiana Roa-Avendaño en las Jornadas Agroecológicas del MACO ¿Te perdiste la conversación? ¡Ya puedes verla en nuestro canal de youtube! Compártelo en tus redes sociales: Instagram Facebook Whatsapp El reto generacional y el cierre Roa-Avendaño retomó también el planteamiento hecho antes por Elizabed Villa sobre la juventud rural, y ofreció una lectura complementaria: citando de nuevo al maestro Mario Mejía, explicó que cuando un padre campesino le decía a su hijo que fuera a la universidad, no era porque no quisiera que su hijo trabajara el campo, sino porque no deseaba que repitiera la misma precariedad que él mismo vivió sin tierra, sin apoyo y sin acceso a educación o cultura. Cerró su intervención con un balance que evitó tanto el optimismo como la resignación: describió el momento actual como de «grandes desafíos» —el avance del autoritarismo en la región, la intensificación del