Un joven líder del mayor movimiento campesino de América Latina llegó a Bucaramanga para hablar de tierra, organización y futuro

Cronica sobre la primer conferencia inaugural de las Jornadas Agroecológicas de Movimiento Agroecológico Colombiano

BUCARAMANGA — Peterson Batista nació «en la lucha», entre los campamentos improvisados de lona negra donde miles de familias brasileñas sin tierra esperaban, durante años, un pedazo de suelo para sembrar y para vivir. Ahora, convertido en técnico en agroecología, viajó hasta Bucaramanga para inaugurar las Jornadas Agroecológicas del Movimiento Agroecológico Colombiano. Una pregunta atravesó su discurso y resuena en la realidad de Colombia y del continente entero: ¿cómo se organiza un pueblo para disputarle la tierra a quienes la convirtieron en mercancía?

Su conferencia, titulada «Importancia de los movimientos agroecológicos latinoamericanos en el marco de la actual crisis», fue la apertura de un encuentro pensado para poner en diálogo a organizaciones campesinas, indígenas y agroecológicas de Santander con la experiencia de uno de los movimientos sociales más estudiados —y más golpeados— de América Latina: el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, el MST

Cuarenta años de organización – El MST cosecha décadas de trabajo colectivo

Fundado en 1985 al calor de la teología de la liberación y de las comisiones pastorales de la tierra, el MST nació como respuesta a un desplazamiento masivo de campesinos brasileños expulsados por lo que hoy conocemos como «la revolución verde»: un modelo de desarrollo agrícola que aumentó la producción y, al mismo tiempo, multiplicó la pobreza rural, la crisis ambiental y la descomposición social. 

Cuatro décadas después, el movimiento reivindica una estructura que sorprende por su tamaño y su disciplina interna: sectores especializados en educación, salud, comunicación, género, cultura y producción, todos atravesados por un principio que Batista repitió varias veces ante el público de Bucaramanga: la paridad de género no es una cortesía, sino «una responsabilidad militante».

En Brasil, el MST sostiene hoy más de 180 cooperativas activas y más de mil asociaciones campesinas. Es, según explicó, el mayor productor de arroz orgánico del país. Administra también más de dos mil escuelas rurales, con cerca de 200.000 estudiantes y 50.000 adultos en procesos de alfabetización —cifras que, dijo, son también una forma de lucha.

Una frase que resume una filosofía

Si hay una idea que atravesó toda la charla fue esta: la agroecología no es solo una técnica agrícola, es una disputa política. Batista citó al ambientalista brasileño Chico Mendes, asesinado en 1988 por defender a los recolectores de caucho de la Amazonía: «la agroecología sin lucha de clases es jardinería».

Para el MST, explicó Batista, producir de forma agroecológica sin transformar al mismo tiempo las relaciones sociales del campo —el machismo, la homofobia, el racismo que muchas veces sobreviven incluso dentro de comunidades campesinas— es quedarse a mitad de camino. La verdadera apuesta, insistió, es lo que el movimiento llama hoy «masificación de la agroecología»: dejar de ser experiencias aisladas y convertirse en un modelo capaz de alimentar a millones de personas, en contraposición directa al agronegocio.

De la semilla al dron

Entre las imágenes que proyectó Batista había cosechadoras diseñadas para no compactar la tierra, drones para la aplicación de insumos agrícolas y, la más inesperada, una inteligencia artificial bautizada «Yara», desarrollada por el propio movimiento y presentada apenas un mes antes de la conferencia. La tecnología, insistió Batista, nunca es neutral: «está a servicio de un proyecto político», y el MST quiere que ese proyecto sea el suyo, no el del agronegocio.

También habló de las cooperativas que producen desde arroz y café orgánico hasta cachaza y panela, de las ferias que en su última edición movilizaron 580 toneladas de alimentos y reunieron a más de 300.000 personas, y de la defensa de las semillas criollas frente a leyes que, según denunció, buscan restringir su circulación entre agricultores.

Un cierre con la mirada puesta en Santander

El encuentro, organizado junto con el Movimiento Agroecológico Colombiano y varias organizaciones locales —entre ellas Asmur de San Gil, Tierra y Vida de Charalá y la Asociación de Mujeres Cafeteras de Coromoro—, terminó con un llamado que trasladó la conversación de Brasil a Santander: la defensa del páramo de Santurbán, fuente de agua para cerca de dos millones de habitantes del departamento, amenazada de nuevo por proyectos mineros.

Antes del receso, entre café y fruta ofrecidos por las organizaciones anfitrionas, el mensaje de Batista quedó flotando en la carpa: la tierra, el agua y la comida no se defienden solas. Se defienden organizadas.


Jornadas Agroecológicas – Bucaramanga – Santander (23 de julio de 2026)

 La tecnología, insistió Batista, nunca es neutral: «está a servicio de un proyecto político», y el MST quiere que ese proyecto sea el suyo, no el del agronegocio.


Peterson Batista en las Jornadas Agroecológicas – Bucaramanga – Santander (23 de julio de 2026)