UNA REFORMA AGRARIA AGROECOLÓGICA PARA COLOMBIA. POSICION POLÍTICA DEL MACO
El Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO) es una articulación diversa de organizaciones campesinas, comunidades étnicas, procesos territoriales y nacionales, redes de productores y productoras, pescadores, guadianas y guardianes de semillas, colectivos de mujeres y juventudes rurales, con más de cinco décadas de experiencia en la defensa de la tierra, los territorios y la agroecología en Colombia[2].
Ante la realización de la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20) en Cartagena – Colombia, reafirmamos que la Reforma Agraria sigue siendo una deuda estructural del país y que solo será justa, sostenible y duradera si se construye desde una perspectiva agroecológica, orientada a la soberanía alimentaria, la paz territorial y la justicia social.
Colombia continúa marcada por una profunda desigualdad en el acceso y control de la tierra. La alta concentración de la propiedad, el acaparamiento, la especulación y el uso inadecuado del suelo han alimentado conflictos territoriales, desplazamiento forzado, empobrecimiento rural y degradación ambiental. Estas dinámicas se han visto reforzadas por la expansión de modelos agroindustriales extractivos que priorizan el lucro sobre la vida.
El uso indiscriminado de agrotóxicos, insumos químicos y paquetes tecnológicos altamente contaminantes, junto con la expansión de regímenes alimentarios basados en productos comestibles ultraprocesados, vulnera el derecho humano a una alimentación adecuada, afecta gravemente la salud colectiva y debilita las economías campesinas y locales. A ello se suma la mercantilización de las semillas, la pérdida acelerada de agrobiodiversidad y la imposición de falsas soluciones frente a la crisis climática.
Aunque existen avances normativos y compromisos institucionales recientes, persiste una brecha profunda entre la norma y la realidad. La lentitud en la implementación, la falta de financiamiento suficiente, la débil participación de los pueblos en la toma de decisiones y la criminalización de las luchas campesinas y comunitarias siguen siendo obstáculos estructurales para una transformación real del campo colombiano.
Preocupados por esta crisis socioambiental y de tenencia de tierra, el MACO propone una Reforma Agraria Agroecológica orientada a la búsqueda de la soberanía alimentaria, la resiliencia climática y la centralidad y autonomía de las comunidades rurales. El MACO sostiene que la Reforma Agraria no puede limitarse a la redistribución de la tierra, sino que debe constituirse en un proceso estructural de transformación de los territorios rurales. En este sentido, la agroecología, al articular la justicia agraria con la justicia climática y ambiental, representa una alternativa real frente a los impactos sociales y ecológicos del modelo agroindustrial y extractivo dominante.
Denunciamos que en Colombia la tierra es usada como un recurso para la concentración de grandes capitales de los terratenientes y que el abandono estatal del campesinado, conllevan a perpetuar la violencia que nos acosa, aún después de varios acuerdos de paz.
Manifestamos contundentemente que la tierra es un bien común, fuente de vida, identidad y cultura y no una mercancía. Defendemos las funciones social y ecológica de la tierra, no sólo la económica. Reafirmamos que el país requiere con urgencia medidas de fondo para una reforma agraria incluyente, justa, y con enfoque productivo sustentable orientado a la producción de alimentos, según las características sociales, ecosistémicas, culturales y ambientales de cada ecorregión del país y no para el agronegocio.
Conminamos al Estado Colombiano a adelantar una Reforma Agraria Agroecológica redistributiva que dé acceso a la tierra a unidades de Agricultura Campesina, Familiar, Étnica y Comunitaria (ACFEC) y también a procesos colectivos, mediante cooperativas y otras formas comunitarias de tenencia y aprovechamiento de la tierra.
1. Redistribución de la tierra como bien común, fuente de vida, identidad y cultura
2. Soberanías alimentaria y energética para la justicia climática
El MACO acoge la soberanía alimentaria como como una estrategia del movimiento social mundial en contra del régimen alimentario global y los procesos de degradación socioecológica que generan. En este sentido, la Reforma Agraria Agroecológica defiende la tierra como proveedora de alimentos y sustento de la vida posicionando a las comunidades de agricultores tradicionales en el centro de los sistemas alimentarios, manteniendo la comida en manos de la gente y no de las corporaciones multinacionales.
Junto con buscar condiciones para la Soberanía Alimentaria, ratificamos la necesidad de generar justicia climática a partir del reconocimiento de que la Agroecología enfría el planeta sustentando sus procesos en una matriz de energías renovables.
Consideramos que es condición indispensable, para alcanzar Soberanía Alimentaria, la valorización de saberes campesinos y la adopción de tecnologías apropiadas que garantizan prácticas de cuidado de los bienes comunes, articulando las soberanías alimentaria, energética, tecnológica y económica.
El MACO reafirma que las comunidades rurales —campesinas, indígenas, afrodescendientes, pescadoras, recolectoras y trabajadoras rurales— constituyen sujetos colectivos de derechos, poseedores de saberes ancestrales y actores fundamentales para la sustentabilidad de los territorios.
Destacamos el papel central de las mujeres rurales en la conservación de semillas, la producción de alimentos y la reproducción de la vida; las juventudes rurales, como actores estratégicos para la permanencia digna en el campo; los pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y al campesinado, como custodios históricos de la biodiversidad y los territorios colectivos; los custodios y guardianes de semillas, como redes que atesoran, usan libremente y sostienen nuestra agrobiodiversidad y sistemas alimentarios.
3. Reconocimiento de las comunidades rurales como sujetos colectivos de derechos y custodios de los territorios
4. La territorialidad del sistema agroalimentario sustentable
Consideramos que una Reforma Agraria no debe orientarse solo al acceso a la unidad productiva o finca, sino también a la transformación del sistema agroalimentario como propósito mayor. La escala mínima a la que operan los sistemas agroalimentarios, es el territorio, como espacio socio-ecosistémico construido por las comunidades. La territorialidad, en la perspectiva agroecológica, busca reconfigurar paisajes a partir de la aplicación de los principios agroecológicos para potenciar las dinámicas ecosistémicas que equilibran los procesos productivos haciéndolos más resilientes y sustentables en el tiempo.
Estos territorios, sujetos de la Reforma Agraria Agroecológica, combinan funciones de producción de alimentos y materiales, transformación, distribución, consumo y gestión de residuos, integrando en este proceso a productores, comercializadores, consumidores, recicladores, etc., a nivel territorial. Se soporta en el fortalecimiento y creación de circuitos cortos de distribución, el contacto directo entre producción y consumo y el estímulo a una economía circular que beneficia a los territorios y sus habitantes.
Los programas de extensión rural que acompañen la Reforma Agraria Agroecológica, deben dar prioridad a procesos de acompañamiento centrados en fortalecer las capacidades de las comunidades rurales desde sus propias fortalezas. Esto obliga a transformar el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria – SNIA (Ley 1876 de 2017) para garantizar el servicio de extensión en agroecología, que facilite la Investigación Acción Participativa en las comunidades, y se concreten servicios de asistencia técnica para sistema agroalimentarios sustentables.
Los gobiernos deben proveer las plataformas políticas, técnicas y financieras para que familias campesinas, puedan hacer transiciones a la producción agroecológica, basadas en la tecnología, los saberes tradicionales y la innovación, generando una visión de lo rural mucho más productiva e integradora en la generación de la calidad de vida para sus pobladores.
De igual forma, debe procurarse por la transformación del modelo educativo existente, buscando incluir la Agroecología y las huertas educativas en los currículos y proyectos educativos escolares que afirme la pertenencia a territorio, el desarrollo de agriculturas sustentables, el diálogo de saberes y la inclusión intergeneracional en la gestión de la tierra.
5. Red institucional y educativa para una reforma agraria.
6. Gobernanza colectiva y fortalecimiento organizativo.
Una Reforma Agraria Agroecológica, se fundamenta en el valor del sentido de pertenencia y construcción territorial con identidad propia que ejercen las comunidades rurales; en consecuencia, fortalece la práctica de la solidaridad y la organización del trabajo colectivo a todo nivel desde la producción, la distribución y el consumo.
Estrategias de organización comunitaria que deben ser privilegiadas por una Reforma Agraria Agroecológica, incluyen las cooperativas y los grupos comunitarios potenciado un relacionamiento que invite a la cooperación y el trabajo colectivo en la gestión de los bienes comunes, la producción y comercialización de sus productos.
La Reforma Agraria Agroecológica debe prestar especial atención a la defensa de la agrobiodiversidad, especialmente las semillas nativas y criollas y los conocimientos ligados a su manejo y reproducción para la soberanía alimentaria y la sustentabilidad de los territorios.
Las semillas nativas y criollas son bienes comunes de los pueblos y comunidades étnicas y campesinas, han sido fundamentales para la vida, la cultura, los saberes, la salud, los sistemas tradicionales de agricultura y la soberanía alimentaria de las comunidades; han proporcionado la diversidad necesaria para la sostenibilidad y conservación de los agroecosistemas. Han sido compartidas solidariamente por los pueblos y comunidades y han circulado libremente sin restricciones. Las semillas no son una cosa o mercancía, sino un ámbito de comunidad, un tejido de relaciones; su defensa pasa por la defensa de la vida plena de los pueblos y comunidades que tienen una relación con las semillas criollas y nativas en sus territorios y en sus sistemas productivos.
Las semillas están profundamente entrelazadas con las culturas de los pueblos y comunidades agricultoras y el reconocimiento de sus saberes que las han cuidado y protegido, ya que encarnan los bienes comunes de los pueblos; han sido heredadas de generación en generación y conectan a las personas con su territorio y con los contextos ambientales, culturales y necesidades agroalimentarias.
7. Defensa de la agrobiodiversidad y los conocimientos tradicionales
Consideraciones finales
Valoramos los avances del Estado colombiano en materia de reforma rural, reconocimiento de la ACFEC, política pública de agroecología y compromisos internacionales en derechos humanos, tierra y biodiversidad. Sin embargo, reafirmamos que estos avances solo serán significativos si se acompañan de voluntad política sostenida, gobernanza democrática y recursos suficientes para hacerse realidad en los territorios.
De cara a la ICARRD+20, el Movimiento Agroecológico Colombiano hace un llamado a los Estados, a los organismos internacionales y a las agencias del sistema de Naciones Unidas a reconocer explícitamente la agroecología como pilar de la reforma agraria y del desarrollo rural, a frenar el acaparamiento y la especulación de la tierra, a garantizar los derechos de las mujeres rurales y a establecer mecanismos de financiamiento público e internacional que impulsen la transición agroecológica.
Con esta posición, el MACO reafirma su compromiso con la defensa de la tierra, los territorios y la vida, y convoca a los pueblos del mundo a caminar juntos hacia sistemas agroalimentarios justos, solidarios y en armonía con la naturaleza.